domingo, 29 de mayo de 2016

LA LEYENDA DE MONSANTO (Portugal)

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Tal y como nos cuenta una antigua leyenda de Portugal, vivía en el pueblo de Monsanto una mujer llamada Ricarda, cuyo temperamento era tal que todos sus vecinos del pueblo procu-raban mantener las distancias con ella. Cualquiera que la importunase o se cruzase en su camino recibía insultos y todo tipo de improperios. Su mal humor era tal que llegaba hasta el punto de no tener amigos y que su su familia renegase completamente de ella por su mal comportamiento.



La única persona que se llevaba bien con ella era un ermitaño que habitaba en una cueva cercana al pueblo, cuyo nombre, origen y procedencia desconocían todos los vecinos. Lo único que se sabía era que este hombre poseía tanto amor por las criaturas de la Tierra que sus vecinos lo bautizaron como Amador. Acudían a él en busca de consejos y sabiduría o para mantener simplemente una conversación. A cambio de sus consejos recibía alimentos y agua como pago.

Ricarda, en su terrible y angustiante soledad, visitaba asiduamente a Amador para poder hablar, pero su actitud hacia los demás vecinos continuaba siendo la misma. Se limitaba a criticarles y quejarse de las actitudes ajenas. A tal llegó su situación que decidió marcharse lejos del pueblo, y nadie supo de ella durante un tiempo.

A su regreso a Monsanto y ante la sorpresa de todos los vecinos, Ricarda regresó con la misma actitud de siempre y un añadido totalmente inesperado, un niño en sus brazos. La única persona del pueblo que los recibió con cariño fue Amador, que pidió tener el privilegio de bautizar al pequeño, pero Ricarda se negó completamente, alegando que prefería que los demonios se la llevasen pronto para no tener que seguir aguantando los llantos del pequeño.

Antes de que hubiese terminado sus palabras se levantó un fuerte viento que los envolvió a los tres, mientras el Sol se oscurecía tras rojas y amenazadoras nubes. Entonces se abrió un agujero bajo los pies de Ricarda y desapareció de golpe. Mientras Amador conseguía salvar al niño al cogerlo de sus brazos cuando ésta caía en el hoyo, mientras lo hacía una fuerza sobrenatural lo lanzaba sobre una enorme roca.

Una vez ocurrido esto, el lugar volvío a quedar en calma y desde entonces Amador decidió cuidar del pequeño. Cada noche, un venado aparecía en la puerta de la cueva y daba de mamar al niño, quien tras crecer continuó los pasos del ermitaño que le había salvado y cuidado.


Monsanto es de estos lugares extraños en los que te parece que el tiempo no ha pasado. Es un lugar en el quehe sentido la auténtica energía de las piedras, un lugar en el que la noche hace que vuele la imaginación. Cuando escribí el primer capítulo de BAJO LA SOMBRA DE LAS PIEDRAS FLOTANTES tenía claro que este lugar sería el pueblo donde nacería la protagonista. Kiko Da Silva 2016.

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