martes, 22 de noviembre de 2016

La leyenda de las Moeraki Bolders (Nueva Zelanda)


Según cuentan las sagas maoríes, una gran canoa surcó los mares del Sur durante semanas, cargadas con clanes enteros que en un acto de suprema valentía se habían lanzado a surcar el océano para buscar nuevos horizontes donde establecerse. Se dispersaron por gran parte del actual Pacífico, y dieron lugar a las actuales etnias que pueblan Nueva Zelanda, Hawai y varios archipiélagos de la Polinesia.

Pero he aquí que una tormenta muy violenta hizo que la barca primigenia se estrellara contra las rocas, lanzando a todos sus ocupantes con sus bártulos a tierra. Afortunadamente la mayoría sobrevivió y pobló las islas, pero dejaron sobre la arena la comida y bebida que traían para el camino.
Así que esas grandes rocas son odres y calabazas llenas de agua que el tiempo ha petrificado y si nos fijamos bien están acompañados de otras piedras también pulidas pero de forma menos geométrica. Son los restos de la indispensable kumara, un tubérculo dulce que para los maoríes es un auténtico maná.

Esa es la parte legendaria de las Moeraki. Y lo fue durante años, hasta que prestigiosos geólogos dieron con la razón de su tamaño y redondez.

Como si de perlas se tratara, las gigantescas rocas se formaron al acumularse varios materiales alrededor de un guijarro o una concha. La presión a la que fueron sometidas durante 55 millones de años hizo que se formaran grandes esferas de diversos tipos de barros, arcillas, rocas y conchas. Al irse desmoronando los acantilados, las rocas fueron liberándose y cayeron rodando hasta la orilla del mar.

Es curioso como puede cambiar una historia entera, cuando ya estaba totalmente escrita por el encuentro casual de una leyenda en un libro de viajes. Cuando encontré la información sobre este curioso lugar reescribí el primer capítulo entero de BAJO LA SOMBRA DE LAS PIEDRAS FLOTANTES. Finalmente este lugar cambió por completo el libro, y hasta a la protagonista. A veces dudo si fue una casualidad, o ese libro estaba en la estantería de aquella librería de lugo para que yo lo encontrara y reescribiera toda la historia. Kiko da Silva 2016

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